La industria y la globalizacion en venezuela

La industria

Es el conjunto de procesos y actividades que tienen como finalidad transformar las materias primas en productos elaborados, de forma masiva. Existen diferentes tipos de industrias, según sean los productos que fabrican. Por ejemplo, la industria alimenticia se dedica a la elaboración de productos destinados a la alimentación, como el queso, los embutidos, las conservas, las bebidas, etc. Para su funcionamiento, la industria necesita materias primas y maquinarias y equipos para transformarlas. Desde el origen del hombre, este ha tenido la necesidad de transformar los elementos de la naturaleza para poder aprovecharse de ellos, en sentido estricto ya existía la industria, pero es hacia finales del siglo XVIII, y durante el siglo XIX cuando el proceso de transformación de los Recursos de la naturaleza sufre un cambio radical, que se conoce como revolución industrial.

Este cambio se basa, básicamente, en la disminución del tiempo de trabajo necesario para transformar un recurso en un producto útil, gracias a la utilización de en modo de producción capitalista, que pretende la consecución de un beneficio aumentando los ingresos y disminuyendo los gastos. Con la revolución industrial el capitalismo adquiere una nueva dimensión, y la transformación de la naturaleza alcanza límites insospechados hasta entonces.

Gracias a la revolución industrial las regiones se pueden especializar, sobre todo, debido a la creación de medios de transporte eficaces, en un mercado nacional y otro mercado internacional , lo más libre posible de trabas arancelarias y burocráticas. Algunas regiones se van a especializar en la producción industrial, conformando lo que conoceremos como regiones industriales.

Globalización

Globalización es una palabra de origen inglés, la cual se refería inicialmente a la expansión de las empresas multinacionales a través del mundo. La globalización se ha desarrollado más allá de la actividad de las multinacionales y se define hoy en día como el proceso de expansión de las relaciones culturales, políticas y económicas entre todas las naciones del globo. El fenómeno de la globalización afecta en mayor o menor grado a todos los países del mundo. Al lado de la globalización se presenta la regionalización, la cual no es más que el mismo fenómeno con una extensión geográfica menor.

Podríamos señalar que la globalización es un proceso en el cual desaparecen las fronteras tradicionales, donde se produce una integración acelerada en el ámbito internacional, en el área de los bienes, la tecnología, el trabajo y el capital; donde, en los últimos 20 años, se ha producido un crecimiento masivo en el comercio internacional, en el movimiento y la movilidad de la tecnología, el trabajo, el capital. Entre los países se han formado bloques, las fronteras empiezan a ser determinadas hoy en día, cada vez más, por la comunidad de intereses económicos y políticos, en lugar de las jurisdicciones territoriales tradicionales.

La globalización económica tiene tres manifestaciones: la del comercio de bienes y servicios entre países, denominada la globalización comercial; la creación del mercado de capitales globales, denominada globalización financiera o geo-finanza; y el traslado de personas entre países en búsqueda de mejores oportunidades de trabajo (globalización del factor trabajo). El recíproco de globalización es la autarquía, en la cual un país se asila del comercio internacional, a través de aranceles y restricciones, y controla los movimientos de capital. Un país en autarquía trata de bastarse por sí mismo.

Finalidad

Con la globalización comercial, los países tratan de mejorar sus niveles de productividad a través de mejor formación de los medios de producción, que permita que el país desarrolle industrias exportadoras. Un país que ignore la existencia de la globalización comercial, normalmente se vuelve un país importador de materias primas y algunos productos manufacturados, y presenta periódicamente problemas en sus balanzas de pago.

Este proceso de transformación ha dado lugar también a una búsqueda en paralelo sobre nuevas concepciones de las políticas de desarrollo económico, puesto que está visto que el reto que las economías enfrentan es más complejo y mucho más impresionante y, en muchos casos, ya no hay ni siquiera el tiempo que las sociedades de antes podían dedicarle a la meditación y a la negociación; las exigencias son mucho más difíciles.

Ámbito

La globalización comercial comenzó en 1948, con el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT) y, recientemente con el tratado de Marrakech, Marruecos. Igualmente forman parte de la globalización comercial los acuerdos regionales de libre comercio, como lo son el Mercado Andino y el Mercosur.

Los tratados de libre comercio tienen como fin facilitar el comercio entre diferentes países, mediante la eliminación de barreras arancelarias. Cuando se eliminan las barreras arancelarias, los bienes producidos en un país se pueden exportar y vender libremente en otro país. La globalización comercial coloca al productor en un mercado abierto donde puede vender sus productos en el mundo, pero también tiene que competir con el mundo. El efecto de la globalización comercial ha tenido un crecimiento sostenido en el comercio mundial, el cual alcanzó un total de 5.500 millardos de dólares en 1998 (FMI

Podríamos decir que en Venezuela, así como en América Latina en general, ha prevalecido al menos desde la década de los años 30 del presente siglo una cultura basada en una visión colectivista y redistribuida que privilegia los elementos valorativos de “solidaridad” e “igualdad” que tiende a liberar al individuo de la necesidad de elegir y competir, y lo lleva a acogerse a la protección de otra voluntad. Se trata de una concepción que contrasta abiertamente con aquella derivada de la tradición anglosajona, la cual ha contribuido a desarrollar una cultura de tipo más individualista, que se centra en el valor de “libertad” y que propicia en los individuos una conducta de mayor responsabilidad y participación ciudadana, disponiéndolos a tomar decisiones y realizar escogencias por sí mismos.

Ciertamente, los estudios realizados hasta el momento en Latinoamérica aunque no son muy específicos en cuanto a los valores culturales propios de cada país, muestran un perfil cultural bastante común, cuyas características psico-sociales son las siguientes, según el especialista venezolano Alfredo Keller.

1) Presencia de una fuerte tendencia generalizada a percibir el entorno como algo que cambia sin que se le pueda controlar, razón sobre la cual se ha nutrido el fenómeno del paternalismo de Estado y, por derivación, de una fuerte relación de dependencia del ciudadano hacia las estructuras sociales dominantes.

2) Bajos niveles de confianza en las instituciones dado el carácter paternalista e instrumental de las relaciones del individuo con la sociedad.

3) Fuerte personalidad autoritaria que refuerza o magnifica la necesidad de sociedades dominadas por superestructuras poderosas, referidas a la concepción del Estado y a las demandas de un orden previsible.

4) Doble racionalidad entre el discurso y los hechos que pone de relieve la conflictividad entre las costumbres y las normas que explica, en buena medida, las dificultades para asumir compromisos colectivos bajo marcos jurídicos comunes.

5) Cierta sobrevaloración del “yo” dentro de una cultura mágico-religiosa destinista e igualitaria que, en conjunción con la externalidad del control, deriva en actitudes que privilegian relaciones basadas en la solidaridad sobre las relaciones de productividad y que llevan, por ejemplo, a considerar la competencia como una cosa indeseable.

6) Dominio de lo emocional sobre lo racional, y permanente conflicto entre la esfera de intereses variables y los normativos, por la superioridad de aquellos sobre éstos.

7) Bajo nivel de información y superficialidad en los niveles cognitivos.

Finalmente, un cuerpo hiperbólico y acrítico de creencias sobre el entorno, reflejo de los bajos índices de conocimiento e información.

Estas características psicosociales que conforman una base cultural cuyos orígenes deben buscarse en nuestras herencias y tradiciones políticas, económicas, sociales, religiosas y ético-morales propias de cada nación latinoamericana pero que en general nos identifican como sociedades de fuertes tendencias autoritarias, dependientes y clientelares se nutren, a su vez, de un cuerpo de creencias sumamente arraigado que refuerza la necesidad de un Estado todopoderoso y redistribuidor, a la par que desalienta las iniciativas personales y competitivas.

Todo ello explica, en gran parte, el desarrollo en América Latina y en Venezuela en particular de sistemas políticos acentuadamente presidencialistas, centralistas, populistas y partidistas, de modelos económicos de naturaleza rentista y de intervencionismo de Estado, y de sistemas sociales poco estructurados, con niveles bajos de asociación, organización, participación y pluralismo. Este es el caso, precisamente, de la democracia que se instaura en Venezuela a partir de 1958, cuyas bases sociopolíticas básicas se establecieron entre los años 1945-1948.

Y es a este perfil cultural que también se deben como veremos más adelante las resistencias a los cambios por una economía abierta y una democracia apegada realmente al Estado de Derecho, más participativa y moderna, que se han producido en prácticamente todas nuestras sociedades latinoamericanas. De hecho, las inevitables reformas económicas y políticas producto de la globalización mundial en sus aspectos de liberalización y democratización introducidas en la mayoría de los países de la región a partir de finales de la década de los ochenta, fueron al menos en un principio rechazadas por sus respectivas poblaciones (como ha sido el caso venezolano en 1989 y 1993) y posteriormente aceptadas pero bajo un contexto de autoritarismo abierto (caso chileno con Pinochet) o de autoritarismo velado al estilo civil (siendo el caso del régimen Fujimorista en Perú el más destacado).

Para entender cabalmente la naturaleza de la cultura democrática venezolana se hace necesario explicar, aunque sea muy brevemente, el modelo o proyecto democrático que nace en 1958 y que entra en crisis a partir de la “década perdida” de los 80, ya que ambos están íntimamente vinculados. Este modelo de democracia se caracterizó en el ámbito político por ser un sistema altamente partidista en virtud de que los principales partidos políticos del status (Acción Democrática y Copei) monopolizaban el proceso político, jugaban el rol tanto de mediadores principales, y casi únicos, entre el Estado y la Sociedad Civil como de canales de agregación y articulación de intereses sociales. Se trataba a su vez de una democracia pactada y populista porque funcionaba sobre la base de un esquema complejo de negociación y acomodación de intereses acordado por las elites políticas y sociales del país, y porque se basó en el reconocimiento de la existencia de una pluralidad de intereses sociales, económicos y políticos, así como en la necesidad de su incorporación en el nuevo sistema.

El sistema político era de carácter populista, además, porque su ideal giraba en torno a un gobierno que respondiera en grado máximo a los deseos y preferencias efectivas de la mayoría de los electores, aun cuando este populismo estuvo signado por fuertes rasgos demagógicos y clientelares. el ámbito económico, el sistema democrático del 58 se basó en un modelo de desarrollo capitalista de Estado dado que ese Estado jugaba un papel central en la estructuración de las principales coordenadas de la nación al fungir como propietario de la fuente principal de recursos (el petróleo) y como agente de distribución de la riqueza nacional. De allí que la renta petrolera haya sido el factor dinamizador de la economía, mientras que el sector privado cumplía un papel secundario.

Este modelo estatista fue orientado a la diversificación del aparato productivo nacional de manera de sustituir productos importados por el establecimiento de industrias productoras o ensambladoras de bienes terminados (modelo cepalista de sustitución de importaciones), proceso también financiado por la renta petrolera. Por último, en vista de las características político-económicas señaladas, el sistema social venezolano manifestó un carácter de extrema dependencia del Estado y los partidos políticos. La creación por parte del Estado de una extensa y compleja red asistencial que se ejercía y funcionaba esencialmente a través de los partidos políticos, produjo una sociedad civil débil, basada en pocas organizaciones no partidistas y con un nivel precario de institucionalización, asociación y participación.

Ahora bien, es preciso señalar que dentro del proyecto específico de democracia se garantizaron formalmente los valores fundamentales de una cultura democrática moderna al estilo occidental. La libertad, la igualdad y la justicia quedaron consagrados en la Constitución de 1961. Después de diez años de dictadura, la libertad se convirtió en el valor fundamental, especialmente en la esfera de los derechos individuales, sociales y políticos; sin embargo, la libertad económica estuvo contraía por muchos años en virtud de las facultades y funciones desproporcionadas que se le dio al Estado en materia económica.

La libertad de expresión, el derecho de libertad política y el derecho al voto fueron los valores más desarrollados. La igualdad fue especialmente atendida en el ámbito social, no obstante siempre asociada más a la búsqueda de la igualdad de recursos (con un marcado sesgo redistributivo y colectivista) que a la igualdad de oportunidades.

La sistematización de la distribución por parte del Estado, aunque no fue necesariamente equitativa, (y consecuencia sin que ello haya significado una sociedad más igualitaria) permitió un mayor bienestar colectivo. La justicia, aun cuando fue proclamada como el gran ideal democrático, fue en la práctica el valor menos atendido e inculcado. De hecho, la igualdad para acceder oportuna y eficazmente a la solución jurídica de conflictos fue poco asegurada por un sistema de administración de justicia que perdió aceleradamente independencia, autonomía y eficacia.

En este modelo democrático también se garantizó y desarrolló el pluralismo no sólo entendido en términos estrictamente políticos (existencia de una sociedad conformada por diversos grupos políticos y centros de poder) sino como actitud cívica respecto a la diversidad de ideas y posiciones, de tolerancia, moderación y diálogo para el manejo de las diferencias, divergencias y antagonismos. La actitud participativa se dio principalmente en el ámbito político dando lugar a niveles altísimos de participación partidista y electoral. Pero la participación económica y cívica fue precaria porque se llevó a cabo casi en forma exclusiva por intermedio de los partidos políticos, y en consecuencia fue poco activa y efectiva. La actitud de responsabilidad ciudadana y de rendición de cuentas entre el Estado y la sociedad fueron, sin embargo, prácticamente inexistentes.

Pero con todas sus debilidades y diferencias con respecto al ideal democrático occidental, entre 1958 y 1989 (aunque lógicamente estas fechas son imprecisas) prevaleció en Venezuela una cultura democrática y en estrecha correspondencia con la evolución del sistema político y el modelo socioeconómico aquí esbozado. Una cultura en donde los rasgos populistas, estatistas, nacionalistas, centralistas, rentista fueron los predominantes, pero en la que también se desarrollaron los valores y actitudes de libertad, pluralismo, competencia e individualismo.

Esta cultura fue sólida en el sentido que existía un gran apoyo y confianza hacia el ideal de la democracia y su sistema por parte de la mayoría de la población venezolana, a pesar de la oposición y critica a determinados gobiernos o formas de gobernar (Torres 1990). Sin duda, este basamento cultural fue un factor de suma importancia en el proceso de estabilidad, consolidación, legitimidad, alterabilidad y gobernabilidad democrática del Estado-nación venezolano, y un paso de avance significativo con relación a la cultura política prevaleciente durante los períodos autoritarios del siglo XX.

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